Es hora de hacer un resumen de lo que ha sido esta 11ª Semana de Cine Alemán. Primero que nada, hay que decir que la labor que realiza el Instituto Goethe es sumamente valiosa, y el esfuerzo que hacen año con año en México por acercar la cultura germana, así como en este caso su cine, al público mexicano (y de muchos otros lugares) me parece plausible.
Gracias a este ciclo podemos no solo acudir y divertirnos a una sala, sino que nos permite al mismo tiempo conocer mucho más de esta vasta y vieja civilización occidental, su sociedad, sus paisajes, y los puntos que nos conectan de manera directa con sus individuos y sus conflictos vitales.
Quizá por eso este ciclo es el más exitoso de los que se proyectan en la Cineteca Nacional, fuera del suceso que significa la Muestra Internacional, y en menor medida el Foro. Desafortunadamente, esta vez solo se pudo exhibir en Cinépolis, pero será por única ocasión ya que el próximo año regresará a una renovada Cineteca, recinto que seguramente se convertirá en un ejemplo para toda Latinoamérica (y más allá).
Una vez dicho esto, solo falta hablar de la programación. Es evidente que todas las cinematografías tienen películas buenas, regulares o malas, y uno de los objetivos de la Semana es ser un muestrario de la producción alemana y sus distintos tipos de cine, de sus temáticas y estilos divergentes que sin embargo comparten un elemento común, su clara identidad.
En ese sentido, la actual ha sido una de las mejores ediciones que me ha tocado asistir, pues la calidad de las películas ha sido bastante pareja y se han podido apreciar filmes muy recientes de cineastas importantes, mezclados con algunos otros quizá no tan nuevos o renombrados pero que definitivamente merecían tener un estreno nacional.
No queda más que agradecer al Instituto Goethe (y a la Cineteca) por haber abierto este espacio nuevamente, donde se pudieron expresar opiniones con completa libertad. Esperemos que tanto el ciclo como este blog puedan continuar por mucho tiempo más y que logren evolucionar para convertirse en un proyecto todavía más interesante.
Para finalizar, mi compañero Luis Vaca y yo hemos elaborado cada uno por su parte un listado en orden de preferencia de las cintas que pudimos ver y analizar. Cualquier lector está más que invitado a dejar sus impresiones, así sea solo sobre una película en particular. Uno de los aspectos más estimulantes del cine es ser un espléndido pretexto para compartir apreciaciones y puntos de vista.
Luis Vaca
1. Bárbara
2. El ladrón
3. Alto en el camino
4. La invisible
5. Tótem
6. Gerhard Richter, pintor
7. Esto no es California
8. El río solía ser hombre
9. Lo que queda
10. Cima
Mención especial: En las nubes, como parte de la retrospectiva de Andreas Dresen, y Berlín, sinfonía de una gran ciudad.
Fernando del Razo (con calificación)
El ladrón (8)
Bárbara (7)
Gerhard Richter, pintor (6)
La invisible (6)
Tótem (6)
El río solía ser hombre (5.5)
Alto en el camino (5)
Lo que queda (5)
Retrospectiva Andreas Dresen
En las nubes (9)
Whisky con vodka (7.5)
A media escalera (7)
Verano en Berlín (5.5)
Alto en el camino (5)
Henrik desde la última fila (5)
Hasta la próxima Semana de Cine Alemán.
Mittwoch, 22. August 2012
Seres nocturnos (Nachtgestalten)

Últimas funciones hoy miércoles 22 de agosto a las 17:00 y 19:00 hrs en la sala José Revueltas del CCU UNAM.
Alemania 1998, 104 min., 35mm
Dir. Andreas Dresen.
Durante la 11 semana de cine alemán hemos podido disfrutar de una selección conformada mayormente por dramas duros y complejos, no por ello se ha cerrado el espacio para la comedia, y que mejor manera de hacerlo que incluyendo algunas películas en la retrospectiva dedicada a Andreas Dresen, un director que aborda con igual facilidad los dramas complejos como Alto en el camino (2011) y que ahora nos presenta Seres nocturnos (1998) cinta que impulsó su carrera internacional al obtener el premio al mejor nuevo director en el Festival de Cine de Valladolid en 1999.
Con diálogos ágiles y un desarrollo interesante de los personajes, la película muestra un mosaico de historias que suceden de forma paralela y que tienen como escenario una visita del Papa a Berlín. De un ligero humor negro, la cinta nos muestra las diversas aristas de la vida en la ciudad, en donde se da cita el desamor, la soledad pero también la esperanza. Una tragicomedia que sin muchas complicaciones se aleja del humor burdo y fácil.
Tótem (Dir. Jessica Krummacher, 2011)
Hablar de la opera prima de Jessica Krummacher es hablar de la película más radical de la Semana, por lo que seguramente este retrato familiar bizarro y grotesco puede molestar a más de uno. Sin embargo, sus valores (que los tiene) residen en otro lugar, en el riesgo que implica apartarse de la norma, del cine de manual. Esto no necesariamente significa originalidad pura o absoluta, sino muchas veces un simple afán de ruptura, más allá de los logros artísticos que implican una lectura mucho más analítica.Fiona, la protagonista, es una chica reclutada por internet para hacerse cargo de las labores hogareñas en la casa de los Bauer, una tribu no muy normal. Sus integrantes harán de su estadía una muy difícil, presionándola todo el tiempo con distintas técnicas casi de bullying doméstico, lo que la va transformando en un pequeño recipiente de violencia contenida.
Como decía antes, Tótem pertenece a un tipo de cine que no busca tanto agradar al espectador como enfrentarlo directamente con historias provocadoras. Estos trabajos empujan los límites de la narración hacia nuevas zonas dramáticas, hacia descubrimientos que buscan ser más libres (o libertarios), es decir, desatar al cine de sus modelos y fórmulas clásicos. A veces dichos ejercicios pueden ser bastante inspirados (como con Harmony Korine o Ulrich Seidl, cuya Días perros parece una influencia cercana en este caso), otras no tanto.
En Tótem estamos un poco a la mitad. Por un lado, lo que sí logra Krummacher es crear un ambiente opresivo, una atmósfera claustrofóbica (aún en exteriores) que se contagia fácilmente al espectador, que lo hace sentir más que razonar.
Pero por el otro, termina llevando a cuestas un problema que se repite en algunas películas que buscan experimentar, el poco cuidado o rigor. Hay cierta torpeza y gratuidad en el hilado de las secuencias, lo que resulta en viñetas independientes que impiden un desarrollo mejor construido (sin tener que ser obligatoriamente clásico).
Un humor logrado por momentos (los bebés falsos, la cama de bronceado) y algunas escenas que funcionan por separado (el encuentro con los policías) hacen de Tótem un filme interesante, sobre todo como un ejemplo distinto en la programación del ciclo. Si tan solo fuera para ampliar el espectro de esta muestra de lo último de la producción germana, ya valió mucho la pena.
Dienstag, 21. August 2012
Retrospectiva Andreas Dresen: A media escalera (2002) y su relación con otras del ciclo
Lo interesante de las retrospectivas es poder ver junta, incluso cronológicamente si así se quiere, toda o la mayor parte de la filmografía de un autor. De esta manera es mucho más fácil detectar las preocupaciones temáticas, discursos, recursos formales, y hasta los actores y colaboradores que se van repitiendo con los años en la trayectoria de un cineasta, como en este caso Andreas Dresen.
A media escalera es otra de las películas serias de Dresen, ganadora en su momento del Gran Premio del Jurado (algo así como el segundo lugar) en el Festival de Berlín 2002, el mismo año en que Bloody Sunday de Paul Greengrass y El viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki se alzaran con el premio principal, el Oso de Oro.
Emparentada en gran medida con la posterior En las nubes, A media escalera es un primer acercamiento en el adulterio como sujeto de estudio, que no alcanza aún la agudeza dramática ni el grado de lucidez con que se aborda en ese otro filme sobre pasión amorosa y heridas conyugales (con edad distinta).
Tal parece que A media escalera preparó el terreno para lo que sería más tarde una extraordinaria película, y que el realizador afinó lo que no funcionaba del todo en su método de improvisación guionística y actoral, donde aparentemente emula al del inglés Mike Leigh, aunque este último en su mejor época solía ser más filoso. Y digo solía, porque el cine de Leigh se va asemejando cada vez más al de Dresen con ejemplos del tipo Another year (2010), donde vemos un Leigh algo domesticado en comparación con el de la gran Naked (1993).
Pero volviendo al director alemán, en esta cinta sobre dos matrimonios cercanos, adultos, con hijos, y en el papel estables, un integrante de cada lado rompe con ese equilibrio y se involucran juntos en un romance, lo cual termina, como es de esperarse, lastimando a todos.
Lo más atractivo de esta previa inmersión en el tema, al igual que en En las nubes, es la paciencia y la falta de prejuicios con que se observa el asunto, sin grandes aspavientos (por lo menos por parte del autor, porque con los personajes es lógico que existan).
La diferencia radica en un guión menos riguroso y pensado, que produce ciertas reiteraciones y secuencias sin mucho sentido (lo cual se repetiría en Alto en el camino, precisamente por inclinarse más claramente de nuevo hacia la improvisación). Y el problema no está en la técnica de reescritura en el set y mezcla de ficción con documental, sino en que quizá no es la versión más laxa la que mejor le resulta a Dresen.
Llamativo es también, en el aspecto visual, enfrentarse a un filme de la etapa pionera en que aparecieron cintas grabadas en cámaras de video digital y luego proyectadas en la gran pantalla, donde razonablemente las imágenes pierden definición y por momentos se ven incluso borrosas. Nada que ver con las que existen ahora.
Esto no es para nada una queja sino simplemente una curiosidad, que si se analiza un poco a nivel histórico-cinematográfico ya no lo es tanto, pues se trata de una de las primeras películas digitales con premios importantes (para entonces el movimiento Dogma ya había estallado y se encontraba en su apogeo), realizadas obviamente con bajo presupuesto. Algo que se puede ver actualmente con mucha facilidad, sobre todo en Latinoamérica, y por consiguiente en México.
A media escalera es otra de las películas serias de Dresen, ganadora en su momento del Gran Premio del Jurado (algo así como el segundo lugar) en el Festival de Berlín 2002, el mismo año en que Bloody Sunday de Paul Greengrass y El viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki se alzaran con el premio principal, el Oso de Oro.Emparentada en gran medida con la posterior En las nubes, A media escalera es un primer acercamiento en el adulterio como sujeto de estudio, que no alcanza aún la agudeza dramática ni el grado de lucidez con que se aborda en ese otro filme sobre pasión amorosa y heridas conyugales (con edad distinta).
Tal parece que A media escalera preparó el terreno para lo que sería más tarde una extraordinaria película, y que el realizador afinó lo que no funcionaba del todo en su método de improvisación guionística y actoral, donde aparentemente emula al del inglés Mike Leigh, aunque este último en su mejor época solía ser más filoso. Y digo solía, porque el cine de Leigh se va asemejando cada vez más al de Dresen con ejemplos del tipo Another year (2010), donde vemos un Leigh algo domesticado en comparación con el de la gran Naked (1993).
Pero volviendo al director alemán, en esta cinta sobre dos matrimonios cercanos, adultos, con hijos, y en el papel estables, un integrante de cada lado rompe con ese equilibrio y se involucran juntos en un romance, lo cual termina, como es de esperarse, lastimando a todos.
Lo más atractivo de esta previa inmersión en el tema, al igual que en En las nubes, es la paciencia y la falta de prejuicios con que se observa el asunto, sin grandes aspavientos (por lo menos por parte del autor, porque con los personajes es lógico que existan).
La diferencia radica en un guión menos riguroso y pensado, que produce ciertas reiteraciones y secuencias sin mucho sentido (lo cual se repetiría en Alto en el camino, precisamente por inclinarse más claramente de nuevo hacia la improvisación). Y el problema no está en la técnica de reescritura en el set y mezcla de ficción con documental, sino en que quizá no es la versión más laxa la que mejor le resulta a Dresen.Llamativo es también, en el aspecto visual, enfrentarse a un filme de la etapa pionera en que aparecieron cintas grabadas en cámaras de video digital y luego proyectadas en la gran pantalla, donde razonablemente las imágenes pierden definición y por momentos se ven incluso borrosas. Nada que ver con las que existen ahora.
Esto no es para nada una queja sino simplemente una curiosidad, que si se analiza un poco a nivel histórico-cinematográfico ya no lo es tanto, pues se trata de una de las primeras películas digitales con premios importantes (para entonces el movimiento Dogma ya había estallado y se encontraba en su apogeo), realizadas obviamente con bajo presupuesto. Algo que se puede ver actualmente con mucha facilidad, sobre todo en Latinoamérica, y por consiguiente en México.
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