Dentro de sus muros, la magia creadora de artistas de diferentes partes del mundo cobra vida, parece un conventillo en donde cada uno de sus rincones centenarios es utilizado para diferentes expresiones artísticas. Abierto las 24 horas desde hace 20 años Tacheles es uno de los centros de arte independiente más importantes de Alemania, y su historia no es menos que fantástica.
Subir a media luz las gradas antiquísimas, que de pronto se iluminan con grafitis contestatarios, políticos o del séptimo arte es toda una experiencia. El viento refrescante entra por sus cinco pisos y se mezcla con el olor a pintura, mientras cada artista contemporáneo, de los 67 que actualmente hay en los 30 estudios, ha establecido un mundo aparte. Un mundo donde las creaciones casi siempre están fuera de lo conformista y lo políticamente correcto. Y es que su nombre lo dice todo Tacheles, en la lengua judía yidish, significa “hablar claro”.
El centro no gana porcentaje alguno de las ventas que los artistas llevan a cabo, sino que recibe aportes voluntarios de ellos.
Esta vieja casa ubicada en lo que fue un barrio judío -hoy el centro de Berlín- fue sala de exposiciones, cárcel nazi y posteriormente fue utilizada por el Ejército Nacional Popular en la época de la RDA (República Democrática Alemana) durante el régimen socialista.
Una casa “okupa”
“Nadie sabía de quién era la casa, porque tampoco se tenía un concepto de lo que era propiedad privada. Le tomó cuatro años a la República Federal de Alemania descubrir a los dueños y vender el inmueble, que luego pasó nuevamente a sus manos. Con ellos suscribimos un contrato que venció el 2008 . A pesar de varios intentos que hicieron para desocuparnos aún somos muy exitosos resistiendo”, dice.
Para este “hombre viejo y amargado”, como se describe Reiter, lo que la sociedad no soporta es tener algo más que una mirada bonita y positiva del artista y su trabajo. El problema empieza cuando éste cuestiona lo establecido a través de su arte, cuando se atreve a hacer algo más que un objeto decorativo de consumo, refiriéndose a la disputa del inmueble.
Actualmente Tacheles tiene programas de intercambio con centros artísticos de países como Bielorrusia e Italia y ha acogido a artistas que se sienten perseguidos por su arte, como un grupo de Napoli, en Italia, que trabajó con temas relacionados a la mafia y fueron perseguidos en su país.
24 horas de inclusión
“Esto es lo que pasa cuando haces un experimento artístico que está abierto las 24 horas y que toma en cuenta a todos los artistas a diferencia de otros espacios que excluyen porque no eres lo suficientemente rico o famoso. Nosotros hacemos exactamente lo opuesto”, dice con una sonrisa la vocera de Tacheles Linda Cerna, mientras muestra el muro grafiteado con la Canciller de Alemania, Angela Merkel, caracterizada como una chica punk que apoya la causa del centro para que no los desocupen.
En tanto, en el teatro del lugar, y bañados por las luces del escenario, varios jóvenes junto al artista e ilustrador Roman Kroke llevan a cabo un taller gratuito para jóvenes. “Trabajamos sobre la metáfora de un árbol y cómo representamos a través de él el pasado presente y futuro dentro de nuestra historia. De eso se trata el arte contemporáneo de hacerlo con las personas y no sólo exhibirlo”, explica Kroke.
En uno de los pisos superiores, la música nostálgica y quejumbrosa se filtra desde el ambiente que ocupa la curadora y pintora italiana Barbara Fragogna. Su estudio es muy diferente. Tiene un aire de antaño, no hay grafitis en los muros, sólo sus cuadros con colores verdes y rojizos que junto a la música dan la sensación de que al ver por la ventana en vez de Berlín se verá Venecia.
Delgada, con ojos atentos y la ropa salpicada de pintura, la organizadora de Tacheles dice que es un lugar necesario para el arte y las ideas contemporáneas. “Hacemos proyectos con artistas callejeros y de muchos lugares del mundo para que trabajen con libertad. Creo que este es un punto muy importante porque si un artista crea una obra con un mensaje muy fuerte o con cierta posición política es censurado por las galerías. Nosotros no creemos en ello por eso es hermoso estar aquí”, afirma.
Así, todos los días el olor a pintura y la música se filtran desde los estudios hasta los pasillos y los muros grafiteados, llenos de pasado, cambian de aspecto constantemente, como sus moradores.
Tacheles y una lucha legal
Desde que venció el contrato de arrendamiento que el Centro Cultural Tacheles tenía con las autoridades alemanas, que son las propietarias del inmueble de más de 100 años, se registran incidentes con representantes de seguridad de la ciudad.
La más grave de todas ocurrió en diciembre de 2011, cuando un grupo uniformado ingresó al inmueble, destruyó algunas de las obras, golpeó a los artistas y bloqueó las entradas y salidas del lugar, como una forma de presionarlos para que desalojen, según cuentan miembros de Tacheles.
Desde entonces en la parte trasera del inmueble se establecieron varios remolques en los que viven miembros de seguridad que vigilan las 24 horas las actividades del centro. Además ocupan un ambiente en el mismo frontis de la casa. Para Martin Reiter y Linda Cerna, la presión es palpable; sin embargo, continúan su lucha para conservar el lugar como centro artístico alternativo.
primero publicado en Página Siete - 03/06/2012
publicado en este blog por cortesía de Página Siete
